El memorando del entendimiento
entre la ausencia y el silencio
no es sino cuestión de niebla y tiempo.
Solubles son los versos
que pululan, lentos, por las venas
de la poesía,
como savia de un sueño que se niega a morir.
El memorando del entendimiento
es un ir y venir iracundo,
pero también un vals de sombras,
bohemia coloquial de la vida,
taberna de palabras rotas,
lúgubre alucinación del amor
que arde y se desvanece
como un cigarro al alba.
Ausente.
Y sin embargo,
presente como el silencio
de una voz que ya no habla.
aapayés

