Ese galardón de la ausencia
que siembra soledades escritas
en la memoria íntima de la noche,
en el tiempo añejo de la vida,
y las desata al viento,
acorralando tempestades
de recuerdos en las noches
de aparente sosiego.
Alucino tu rostro
y me envuelvo en él
como aquel primer día
que hicimos el amor
leyendo nuestros cuerpos
desnudos de versos,
cada palabra una tormenta
de caricias.
Y la oruga,
minúsculo deseo de olvidar
nuestros cuerpos desnudos
bajo la luna del silencio,
se transforma en luna
sobre la cama de la poesía.
Alucino verte a ti,
desnuda en la cama,
haciendo el amor al viento
con la complicidad del silencio.
Ese galardón de ausencias
que salpica soledades
sin puntos suspensivos,
sin remedio,
en la vida.
aapayés

