Trasciende la incógnita
de un beso que se quedó
en un segundo que no fue,
en un momento que sí vivió.
Anatema del recuerdo, erizo
y congelado por los sentimientos
que no rozaron la palabra.
Los labios húmedos
se helaron y dejaron de ser
un cálido beso en el amor.
La incógnita se mudó
y quedó muda en el pajar
de las dificultades,
cuando quisieron ser
una respuesta de amor
irreparable, sin caricia alguna.
Se congeló la vida
y quedó plasmada, escrita
en el verso de un "te quiero"
sin respuesta.
La incógnita muda se anudó
al cenit del verso del olvido.
Trasciende el tiempo
y la incógnita muda se mudó
al congelador del silencio,
frío del tiempo,
una respuesta sin contestar.
Adiós,
cruel sentimiento inmaculado
del destino,
olvido imaginario en la poesía
de ayer, de hoy y para siempre.
aapayés

