Déjame ser verso
que busca tu sed,
húmeda senda
donde la poesía se vuelve carne.
Que tus bordes se abran
como fruta en la sombra,
y yo beba el centro
de tu pulso más hondo.
Que el temblor sea la palabra,
el gemido, su respuesta,
y el instante se doble
hasta no saber dónde empiezo.
Déjate ir,
que estos minutos sean
un paisaje sin nombre
donde dos cuerpos
se inventan un idioma.
Y en esa complicidad
que no se dice,
que todo lo posible
nos encuentre desnudos
y enteros.
Leyendo de nuestros cuerpos
la poesía que nos deletrea,
a seguir escribiendo versos
de amor y deseo
antes de culminar
el orgasmo de la lectura.
aapayés

