Me confirmaron
que la temperatura de tu cuerpo
está prohibida.
La caricia de un beso
en silencio
quema.
Arde la imagen desnuda
en el paladar de mis palabras,
pues las letras pronunciadas
en silencio
son las que más queman.
Cuando lees la poesía
y arden en tus ojos
esos versos explícitos
que dibujan
el contorno de tus deseos,
se humedece la imagen
al leer
el verso desnudo de mi sexo
acariciando
el entorno de tus piernas
antes de sentir
la tentación erguida
de mi poesía.
Me confirmaron
que la fragilidad de tus encantos
es el pecado original
de mi poesía.
Te veo.
Te imagino a la distancia.
El menester placer de hacerte
un abanico de caricias
en la oscuridad de tus caderas
con las peculiaridades
de los versos
penetrando tus pasiones.
Me confirmaron
que cuando lees
piensas en mí.
Las noches de deseo
acariciando tu desnudez
con las manos húmedas
de tus espasmos,
frágil a mi poesía.
Yo te leo.
Te siento.
Te pienso.
Me acaricio
y nacen muertos.
aapayés

