Microbiografía de Adolfo Payés

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

lunes, 8 de junio de 2026

El ocaso de pronunciar tu nombre




















Que acaso
el ocaso oprime el deseo
como una mano que ahoga una luciérnaga.
Ese sentimiento inmaculado
de amar
no es más que un río que nace donde muere la noche.

El deseo es una víbora de humo
que desliza la pasión
por un cuerpo de arena mojada,
en la poesía que se escribe sola
mientras dormimos.
Y mastica el amanecer
como quien mastica un recuerdo falso,
sonriéndole a escondidas
al silencio que tiene forma de espejo roto.

Que el resplandor del cielo
y el sol
sean dos linternas apagadas
que te den luz de esperanza
desde el fondo de un pozo sin fondo,
amortiguando
la ilusión de creer en ti
como se amortigua un nombre
con un pañuelo de niebla.

Que acaso
el ocaso de amar
oprime el deseo de escribir
un verso que camina hacia atrás
en el callejón
de la vida.

-Pensé decir:
"En el callejón de la muerte"-
pero la muerte era un pasillo
con puertas que daban al mismo sueño.
La poesía es vida, sí,
pero una vida que respira agua
escrita desde el silencio obtuso
de la soledad que se duerme conmigo.

Un verso que pulula
en las venas de tu cuerpo
como larvas de luna,
con ese corazón desnudo
que no sabe si late
o si alguien lo está soñando mientras lee poesía.

Que acaso
el ocaso del olvido
es un grito desesperado
pero sin boca,
de la ilusión escrita
con tinta de saliva y ceniza
en el cielo de tu presencia
que ya no es cielo, sino telón pintado.

Que acaso
el ocaso de pronunciar tu nombre
a escondidas
es la certeza de amar
en un país donde las certezas
son mariposas con un ala rota.
Amar viviendo en el ocaso del valle,
pero el valle es una sábana blanca
y los versos
son hilos que cosen tu sombra a mi almohada.

Que acaso soñar despierto
es el ocaso del silencio
con las manos vacías de iluminación,
pero las manos no están vacías:
tienen el peso de un pájaro que no vuela
porque nunca existió.

Me quedo con el ocaso
de un beso de amor
que no recuerdo haber dado,
en el paraíso de la vida
que resulta ser
un cuarto giratorio
donde todo se parece a un eco
que se nombra a sí mismo
para no morir del todo.

aapayés