Bebo la sombra de un sorbo
que inventa sus propias venas
en mi geografía invertida
y en el corazón abierto como un mapa
que se desdobla hacia todos los nunca.
Pero eres el vacío que respiro.
Solo la huella de una mañana
que nunca amaneció:
el reflejo de un beso
en el espejo del no-tiempo.
Una esquina que toca el infinito
y un abismo que pisa su propio fondo
cuando pienso en tu nombre de arena.
Bebo los minutos que se negaron a nacer
en los páramos de lo intangible
extraviado en el pliegue de lo que se olvida.
Bebo el eco del silencio
que no pudo contener
el incendio que se comió los espejos
álgebra de un delirio
deseo que desafía la gravedad
en el lecho de todos los imposibles.
Y aquí permanezco
habiéndome bebido los relojes
en tu eterna tal vez-existencia.
aapayés

