Muchos son los senderos
que el retorno desdibuja,
mas uno solo hiende la niebla hacia tu orilla.
En ese ir y devenir de los siglos,
párpado a párpado,
nos hallamos,
mientras la nostalgia se acuna en el tacto
y los minutos se vuelven migajas de miel
que masticamos a dúo
sobre la mesa del tiempo.
Muchas son las horas
que se quiebran en espejos,
y una sola, la que nos descifra,
cuando leímos nuestros cuerpos
como mapas de luz,
y nuestras manos,
torcaces mudas,
bordaron tu nombre
en el aire que te llama.
Hay un segundo que es gruta de sueños,
y un sueño que cabe en su cárcava.
He dicho tu nombre hasta que el sueño
se hizo eco de eco,
y en tu presencia,
grité tu amor
como quien enciende una estrella
en la cuenca del pecho.
Y a ti,
te llevo en el hilo del aliento
cuando respiro,
y el aire,
al pasar,
se acuerda de ti.
aapayés

