Tu ausencia es un reloj de arena
Que sangra minutos invertidos
Sobre mi lengua.
Las dudas caballos ahogados
Galopan en círculos
Dentro de un frasco de medicinas vencidas
Leo tu nombre escrito en el muro
Con uñas de estrellas muertas
Y el abanico de tus emociones
Se abre como un paraguas
Dentro de mis venas
Escribo con tinta hecha de tus pestañas
mientras la soledad una sirvienta ciega
Ordena mis huesos en forma de alfabeto
Te canto con la voz de un violín
Enterrado en el jardín de mi infancia
Antes de vender tu recuerdo
Al mercado de las sombras
Saturada el alma,
El silencio construye un ascensor
Que desciende al centro de mis costillas
Donde tu risa fosilizada
Ilumina los carteles de -se vende-
En el museo de mi pecho
aapayés