Vengo de un amanecer
Que vio
Nacer la energía del sol,
Del maíz,
De la piel dura y terca del trabajo,
De los fusiles descansando
En la bodega del despertar
Vengo de la memoria colectiva
De la energía
Que aviva la lucha
Cada cien años, 1833
Cuando sale el sol,
Junto al maíz alimentando
Al pueblo,
Con Anastasio Aquino
Líder de los nonualcos
Venció a la oligarquía
Sin saberlo,
Batalla épica y excepcional
En los tiempos recién paridos
De esperanza
Vengo de Feliciano Ama
Izalco 1932
Cada cien años
Despierta
Farabundo Martí,
Obreros y campesinos
Por las calles coloniales
Y viejos caminos de lucha
Vengo de una tierra fértil
De fusiles en reposo
Esperando los años,
Y defina el camino labrado por siglos
Vengo de un pequeño país
En la América central
De un continente verde,
El Salvador
El pulgarcito
Empuñando un fusil de ideas
En el cielo abierto
Bajo el sol del pacifico
Vengo de armar
La historia viva de mi pueblo
Vengo de esa raíz de sangre
En la tierra abonada por sus cuerpos.
Por su entrega de clase a su existencia
Vengo de esa esencia inquebrantable
Como el alma doliente de Farabundo
En la celda
Frente al cura,
Intentando doblegar su cuerpo
Que torturado y frágil
Yacía en la cama de la celda
Antes de ser fusilado
Vengo de esa mirada inquebrantable
De Feliciano Ama
De Farabundo Martí en mi pueblo
Y en mi pecho
La mirada firme de Salvador Cayetano Carpio
Comandante
Vengo de allí
Tierra y pueblo mío
El Salvador
aapayés