Yace placida el alma
Escrita en papel ajado
Por sobredosis de amor
Y encanto disfuncional,
Locura permanente
En plenas acciones depresivas
Deja que mis versos
Hagan la catarsis de un beso enamorado de tu cuerpo
De tus cabellos
De tus labios carnosos deletreando vida
De tus manos marcando el destino
De tus pies enarbolando tu camino
Deja que mis versos
Acaricien tu cuerpo, pues mis manos
Yacen moribundas en la distancia,
Lejanía atroz del descontento hormonal de la palabra
Deja que suavicen el pecho arrugado de tu psiquis,
Acólito de tus pasos
De tus imperfecciones volátiles de tus manos,
Esculpiendo humo que penetra en tu cuerpo
Inhalando el aroma del silencio
Bajo la complicidad de tu boca
Deja que llore como un niño
Con la tristeza inmensa por el castigo de su madre
Deja que mis palabras
Eyaculen versos con tu fama
Y pronuncien tus pecados en el desierto,
Inmaculado del misterio
Yace placida mi alma
Merodeando el vacío instantáneo del adiós,
De tu cuerpo y de tus besos
Vitoreando la despedida
Yacen placenteros mis deseos
En la locura espontanea de mi muerte,
Paz absoluta a mis restos
En las líneas escritas,
Costilla de tu prestigio
aapayés