He arrebatado el vértigo
donde la nostalgia
no tiene forma
solo la resonancia que respira
tu nombre en reverso.
Un sueño de musgo y lumbre
me cubrió de deseo,
y el placer -blanco, sin gesto-
tejió en mi sombra
un vestido de tiempo que te ciñe
sin tocarte,
como el hilo que enhebra
lo que nunca fue cuerpo.
He arrebatado el instante
donde el aire que exhalas
se vuelve espuma,
y la espuma, umbral,
y el umbral, tu latido
descendiendo.
He recitado tu presencia
-crema de niebla-
y al desnudarme
no encuentro piel
sino la herida exacta
donde tu ausencia
se hace luz
y me devora
desde el centro
de un firmamento
que no es cielo,
solo el hueco
que dejaste al nacer.
Al escribir la tarde de pasión
aapayés

